COHERENCIA / NACHA NEWBALL
«Sin coherencia no hay ninguna fuerza
moral» – Robert Owen.
Es usual que en este tiempo cada persona tenga la opción de hacer
saber su opinión o su posición frente a un tema específico y que, esta se sepa
a través de sus redes sociales, sus chats de medios como WhatsApp y porqué no, a
través del Tic Tok.
Resulta poco ético para sí mismo pensar una cosa, hablar otra
y hacer otra…
Y nos topamos con esta falta de coherencia con la mayor frecuencia
que podríamos imaginar. Personas que dicen una cosa y resultan haciendo otra,
con mentiras y engaños, con hipocresías y con escaramuzas, actúan. Así habita el
ser en su sociedad convirtiéndose en el eje de un entorno dañino y maligno.
La verdad es fácil de llevar, va desnuda y no necesita adornos
ni vestidos, la mentira por el contrario lleva dentro de sí muchas connotaciones
que pueden desencadenar dudas inmediatas o tardías, inconsistencias en los diálogos
y la buena memoria que no debe fallar…
Estamos en una sociedad en que ni la coherencia ni la lealtad
son activos fundamentales de las actuaciones de las personas. Parece que la
carencia de ellos es una epidemia que poco a poco conquista las decisiones de
las personas para aceptarlos y adoptarlos como medio de vida, ocasionando con
su abuso la falta de credibilidad, confianza y como dirían en el lenguaje
coloquial, el “bembeo”.
Creo con firmeza que debemos cultivar la coherencia, saber
que cada paso que damos esta vigilado por nosotros mismos, no por los demás
porque a diario nos convencemos que a nadie le importa nadie, duro pero cierto
y, a nosotros mismos es difícil la tarea del engaño y la trampa con la que se
quiere vivir para obtener ventajas que no son a lugar.
Las caritas que dicen “yo no fui” ya no son tan efectivas
como … antes.
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