INSTANTE / NACHA NEWBALL
Tratar de entender la lógica de la vida es como pretender analizar la conducta de un psicópata: un comportamiento a veces adecuado y otras desacertado. Nos movemos por los laberintos que toca vivir, el enredo de los problemas cotidianos y el solo hecho de dar pasos sobre las diferentes etapas de la existencia. Quizá la infancia es el momento menos agreste que transitamos en un mundo normal, en el que las necesidades están cubiertas y nos limitamos a disfrutar de la inocencia. Menos agreste, claro, para quien tiene la posibilidad de crecer en un entorno «normal». La adolescencia y la juventud tienen sus bemoles: momentos en los que se atisba la construcción del ser y se vive odiando y pateando todo lo que nos rodea. Ya en la adultez las vivencias son a otro precio, los problemas vienen solos y el estrés diario nos conduce por caminos tormentosos en los que la prioridad es apagar incendios. Aun los más metódicos tienen que enfrentar la adversidad en este rango de edad. En la vejez,...