MAS ALLÁ DE LA ESTÉTICA/ NACHA NEWBALL
«La perfección es una pulida colección de errores» — Mario
Benedetti
El aspecto visual suele predominar cuando caminamos en el
entorno donde nos desenvolvemos, tal vez conservamos la esencia animal que nos
obliga a apartar de la manada a quiénes no cumplen con un parámetro. De esta
situación tácita nace, quizá, el bulín y la discriminación, no generalizo, lo
he percibido de esta forma callada en la que actúa la sociedad. La hipocresía
germina sin que su acción la podamos determinar.
Somos lo que somos, ni un punto más ni uno menos.
En cualquier caso, es innecesario hacer un juicio de valor
por que algo falte en nuestro físico o porque algo esté alterado, quien nos
acompaña en el camino, no varía su amor ni porque somos feos. Hasta la fealdad
es relativa.
La estética es un asunto de prioridad cuando se vive de ella,
el cuidado ahí es extremo. Somos y
hacemos parte de una comunidad que nos acoge o nos distancia, sobrevivimos con
el amor propio que es más que cualquier aceptación, es lo que nos da valor para
enfrentar no solo la crítica sino también el distanciamiento de quiénes hacen
parte de nuestra vida. Una acción sana al sentirnos vulnerables es amarnos sin
contemplación y, saber que el amor fluye como río entre quienes saben amar sin
restricción.
Aceptar la imperfección es un tema de madurez más que de
cualquier cosa, superar las barreras de lo que ofrece la sociedad cada vez más
tendiente a lo material y ubicarnos del lado de los valores y de la ética parece
corresponder más a acercarnos a ser más humanos, es la distancia precisa al reino
animal del que tanto nos ufanamos de no pertenecer.
Sabe enfrentar los retos de ser imperfectos, reales, es
aceptar que una y otra vez debemos recorrer un camino que va más allá de la
estética, trasciende a nuestro ser y lo hace más empático y acertado.
«Cuando estamos dispuestos a ser imperfectos y reales,
recibimos estos dones una y otra vez» — Brené Brown
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