SU MAJESTAD “LA CHANCLETA”/ NACHA NEWBALL
De las cosas
curiosas que recuerdo de la época de infancia, era el respeto por los adultos y
los hábitos que tenían para que los niños tuviéramos limitada las acciones de
escuchar y hablar cuando no era “correcto”.
Algunos pensarán que esto no podía ser posible, pero sí y, no era visto
como castigo.
Una de las
situaciones que marcaron mi vida es que en las conversaciones de los adultos
los niños debían colocar las manos en las orejas, con esto se evitaba que escucharan
“cosas de gente grande”, cuando alguien optaba por dejar de tapar sus orejas
era castigado. Igual sucedía en el caso de hablar u opinar, era poco lo que se
podía hablar en conversaciones sin que alguien saliera a decir: “cuando los
adultos hablan los niños no opinan” o “están hablando los mayores”.
Eran días que
transcurrían en el seno familiar sin celulares, los juegos eran más de carácter
presencial y el máximo contacto con la televisión iniciaba en el caso de
Colombia a las 4 pm, hora en que se iniciaba la programación que, por cierto,
era blanco y negro.
Aclaro, no es que
sea tan vieja como pudieran pensar ustedes, pero todo sucedió en mi grata infancia.
La preocupación
de cada padre en aquella época, era garantizar que los menores se criaran siendo
personas de bien, esto incluye fundamentos de respeto, prudencia y mesura para actuar,
amén de otras cosas como la lealtad, fidelidad e integridad; la disciplina era
casi una obligación y creo con toda certeza que nadie se atrevía a ser rebelde
o revelarse ante dichos compromisos que solo eran de responsabilidad de
nuestros padres. Se era buen padre según se comportaran los niños.
En cierto
momento, conversando con mi padre, me contaba que a él le tocó lidiar con “su
majestad la chancleta”, temida, odiada y hoy repudiada…
Esa chancleta
hizo personas que se comportaban a la altura del respeto y la libertad, y
quiero aclarar que no estoy a favor de los castigos físicos, sería absurdo
pensar que este cuaderno va dedicado a “alabar” la virtud de la chancleta, sin
embargo, dando observancia a cómo va el rumbo de los tiempos, en los cuales hoy
por hoy se ve con asombro que nadie respeta a nadie, que se vulneran las
libertades, que se complica todo porque todos tienen una razón y la quieren
imponer y el medio hace que hasta se desvaríe frente a la forma de obtener
resultados y pararse en un punto que se considera ideal.
Hoy, el llamado a
la reflexión en la que el mundo necesita buscar una forma contundente de lograr
que algo o alguien asuma el rol de la chancleta y que ponga en orden a más de
uno para que el respeto nuevamente sea normal en nuestro medio. El orden y la
libertad van de la mano del respeto y de la función misional de la familia como
núcleo de nuestra sociedad.
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