LICENCIA PARA JUZGAR/ NACHA NEWBALL
¡Triste época la
nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. (Albert
Einstein)
A menudo somos
jueces de la vida, jueces con la parcialidad que nos permite la subjetividad,
es decir, juzgamos desde nuestra perspectiva tal vez pensando que lo que
sentenciamos es lo más adecuado. No escuchamos razones ni motivos, algunas
veces solo damos la sentencia final por soberbia o por orgullo.
Hace unos días, leí
en un perfil de Facebook un mensaje que indicaba con toda la vehemencia del
caso que la página de su libro, era propia, eso me indicó que hubo un paso
libre en su muro y que sin lugar a equivocarme alguien alteró esa libertad que
tiene cada uno de publicar lo que le dé la gana, al menos en cada muro debe ser
así.
El control social
de cada persona se permite, siempre y cuando, se haga de manera educada,
coherente y bien intencionada. Sin embargo, la licencia para juzgar no se maneja
como la de conducir, haciendo un curso y pasando por un proceso que indica que
ya se está listo para tal tarea. En el caso de dictaminar juicios se tiene la
creencia errónea que se puede emitir verbal o escrita un comentario, a veces,
lejano a lo correcto. Algunos, prudentes y cautos, se privan de responder con una
respuesta que bien podría ser: ¡No te metas!
Desde los tiempos
ancestrales esta costumbre se ha normalizado, recuerdo que las vecinas de mi
barrio, mayores o ancianas, tenían la potestad de llamarnos a juicio por lo que
en aquella época era una desobediencia o un acto de mala educación. Hoy, sin
filtro, algunos nos llaman a juicio, o nos dicen cosas que hieren, sin pensar o
sin saber el alcance de las palabras, se hiere profundamente.
Cierto es que
todos pensamos hacer el bien y bien, aunque se lea redundante, comentamos,
creamos murmuraciones, corillos y juzgamos No es inevitable es totalmente
tratar de conectar nuestra opinión con
la prudencia y dejar en libertad a cada uno para que la felicidad sea fértil en
cada caso.
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