TIROTEO EN UN ASCENSOR/ NACHA NEWBALL
La reflexión de hoy no tiene nada que ver con hechos violentos, sangre ni
muerte, nada de eso. Vamos a hacer una analogía sobre el comportamiento de una
persona y su reacción ante los hechos.
Cierta vez me disponía a llamar la atención a una persona sobre su
comportamiento inapropiado en un evento simple; llamar la atención no es
regañar, es poner sobre la mesa una situación y puntualmente tratar de hacer
entender cómo mejorar el comportamiento, la reacción o la actuación de alguien
frente a un hecho y aquí viene tú intervención en esta reflexión. ¿Has intentado
hacer ver a una persona que puede comportarse de una mejor forma o tener una actitud
menos hostil y su respuesta se exacerba?
No sé si son los nuevos tiempos que hacen adverso el hecho de reconocer los
errores y con humildad aceptar que estamos ante un hecho que podemos mejorar, pedir
disculpas, transformar el comportamiento o reconocer el error se ha convertido
en una aventura. Por el contrario, lo que se genera al querer influir en un
cambio de actitud es prácticamente una cascada de argumentos en los que terminan
involucrándose una, dos, tres o más personas y, en la lluvia de alegaciones se
pierde el enfoque de lo que se trata un simple llamado de atención, es como si
hubiera un tiroteo en un ascensor, no se sabe de donde viene el disparo ni para
donde va y la responsabilidad de la acción o la reacción se pierde
inmisericordemente trayendo como consecuencia que se pierda el sentido del
reconocimiento del error y que este se siga cometiendo, normalizándose en el
entorno y haciendo que lo “malo” quede en el ambiente y lo “bueno” se pierda en
el laberinto de la evasión.
Se está perdiendo el valor del respeto y con él, se ha ido al abismo la
prudencia y la mesura, adornos de un equilibrio en las relaciones. Cada día nos
distanciamos de las buenas maneras y del orden, convirtiendo nuestro entorno en
un verdadero caos.
La imprudencia suele
preceder a la calamidad. (Aplano)
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