EL SILENCIO NO ES TAN INOCENTE/ NACHA NEWBALL
¿En qué momento aplicas el silencio?
Callamos,
hablamos en baja voz, murmuramos y, difícilmente, nos quedamos en silencio. Es
duro dejar de hablar, así sea para decir algo que sobre pasa la lógica de cada
momento, como seres humanos, hablar es parte de la cotidianidad, de la
normalidad de la vida, si no se habla, se entiende que hay en medio una limitación
o una mordaza…
Realmente,
el silencio, algunas veces se percibe como castigo o autocastigo, es esa condición
en que no se expresa lo que la mente procesa, sea en baja voz o en gritos
callados que se tornan como fuertes tormentas en el interior y no se dicen a
viva voz.
Cuando
hay silencio, hay paz en el exterior y no puede ser mejor en el interior, en el
que guacamayas emiten sonidos que, indescriptibles bailan al son de cada
emoción, tormenta de emociones que se chocan entre sí y nos hacen escuchar la
mejor voz que tenemos alrededor, la nuestra, esa que nos conoce profundamente y
que, a diario, callamos.
El silencio, no es tan inocente, en él, se suele escuchar, procesar y analizar lo que se vive a diario, se evita reaccionar en mal tiempo ante una reacción y, en el se suspira al poder pensar en cada situación que se vive, se teje con gusto la emoción y se degusta con aroma a paz cada sentimiento. El silencio, necesario cuando esta caliente el ardor de una respuesta, trae consigo el abrazo de la prudencia y la cálida mesura.
"Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos" (Curcio) Proverbia.
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