¡SOY CAPAZ! / NACHA NEWBALL
Me enseñaron de pequeña a que las cosas se
dejan en su lugar, a no tocar, a no explorar y, a esconder las habilidades personales
que poseemos.
¡Deja eso quieto!
Sentencia que, retumba en mis oídos cuando mi
mamá me quería parar. Yo, quedaba inmóvil y confieso que, aun con la sentencia
emitida, al menor descuido indagaba lo que me causaba curiosidad. Nunca he
podido entender la razón de coartar a la exploración de cosas que están a
nuestra mano y que nos llevan a crear, inventar y conocer.
Aprendí muy joven lo que duele una quemadura,
pues, en algún momento de desobediencia encendí un papel periódico y la brisa
lo empujó a mi cuerpo. Los calcetines que portaba, se pegaron en mis pies y
quedo en ellos una huella que nunca me hace olvidar de ese momento. La herida,
sanó con el tiempo y dejó en mi la gran posibilidad de saber que la candela
quema, el aprendizaje hizo que valiera la pena, pasé por dolor físico, por el
temor a que mi mamá me castigara y a saber que soy capaz de lograr superar
cualquier herida y dolor.
Así es la vida, está llena de bolas de
candela que vienen a nosotros sopladas por la brisa de los acontecimientos y
que de alguna forma su presencia nos hace aprender y retroalimentar las
acciones y decisiones de la vida.
¡Soy capaz! de lo que me pongan, de lo que me
proponga y de vencer cualquier tipo de herida y dolor. La vida, se constituye
en momentos y los momentos se viven con el mayor gusto.
¿Soy capaz de vivir?
Es la pregunta que hay que hacer ante las
heridas y dolores, aunque algunas de ellas estén en carne viva.
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