MERITO + TALENTO NO ES IGUAL A ÉXITO / NACHA NEWBALL

 


Cuando se piensa en méritos, se conceptualiza en la acción o conducta que hace a una persona digna de premio o alabanza, o el derecho a reconocimiento al que se presta una persona para ser exaltada por sobresalir de un grupo homogéneo o de características similares. Es asi como, existen concursos, premios o exaltaciones que de manera objetiva, cuantitativa o cualitativamente, existen en procura de motivar a quienes hacen parte de ellos, como el caso de los “concursos de meritocracia” que existen para proveer cargos en la administración pública. Por otro lado están aquellos que, simplemente, convocan a quienes creen poseer un factor diferenciador para hacerlos participar y escoger al mejor en alguna disciplina.  

Los concursos, cuantitativos, son un poco mas objetivos, no solo porque dependen de una calificación numérica sobre un conjunto de preguntas al azar, se realizan y el resultado es un puntaje, este fríamente da como ganador a quien sobrepase a todos los que lo acompañan, sin embargo, la pregunta es:

 ¿Son transparentes estos concursos?

Al poner en duda los concursos, se busca la punta de la lanza que va a herir a más de un aludido, porque muchos han sido testigos del  presunto fraude en exámenes a los que se han sometido.

Desde hace muchos años, con las leyendas urbanas que acompañan los concursos de méritos que se llevan a cabo para escoger a los “mejores” y sabiendo los resultados en la calle, días previos a la publicación de las listas de los “ganadores”, da un sin sabor y una frustración hacia lo poco ético que suelen manejarse dichas convocatorias, esto no solo ocurre en exámenes de admisión a universidades, sino también en otro tipo de concursos.

Las convocatorias de talentos, no quedan impunes ante las debacles del sistema de puntuación o escogencia. Los concursos en algunas ocasiones han estado en el ojo del huracán por escoger sin ningún escrúpulo ganadores a los representantes de los intereses de los convocantes o los allegados a los patrocinadores, son sus beneficiarios primarios.

Difícil es la línea delgada de concursos, concursantes y principios éticos para garantizar que, quien gane sea realmente quien tiene el mérito, sobre todo, cuando el talento, esta en entre dicho.  

Una frase de Albert Camus dice: “El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo”, muchos de los exitosos no tienen mérito y en la misma proporción, muchos de los que tienen méritos no tienen éxito.

¿Se puede comprender esto?





 

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