IMPOSIBLE NO EXTRAÑAR / NACHA NEWBALL
Hay momentos en la vida que renegamos por el olvido, el
silencio y la distancia, nos vemos solos enfrentando luchas internas y externas,
cierta vez pensaba en un tiempo pasado en el que no tenía un momento a solas
por tantas actividades sociales que “debía” cumplir, no había un viernes en el
que estuviera en casa, siempre había un
plan o un destino. A mi lado, no cabían las personas y en la agenda estaba el cumpleaños, la cena, el viaje, muchísimas cosas por las que hacía
mil malabares para cumplir con aquellos a quienes sentía muy cercanos. La vida
y su filtro fue retirando a las personas, unas, se fueron por los compromisos,
otras por las diferentes labores y otras por cuenta propia, la razón no viene a
colación. Al ver tan despejado el camino
y el tiempo haciéndose tan nítido para mí, supe que ha llegado al momento inevitable
en que cada uno tiene prioridad en sus cosas , acciones y actividades y que la
relación se termina poniéndose en un segundo plano.
El chat está inmóvil, cero invitaciones, cero
compromisos, cero comunicaciones, ni un “¿hola como estás?”
Esto me llevó a pensar en varias opciones, que si el carácter,
que si la necesidad, que si el chisme, habían sido los culpables de tal
distancia. Hablando con mi papá, un guerrero de mil batallas, sentí que él
desde mucho antes ha sentido lo mismo, pocas personas a su lado, mensajes al mínimo
y la soledad que atropella inmisericordemente, parece que nos vamos llenando de
otros motivos, de otras situaciones, del estrés y la vida vista desde la
individualidad o desde el selecto grupo del que hacemos como familia, nos vamos
adelgazando en relaciones interpersonales y en amistades, quizá vamos convirtiéndonos en seres silenciosos al
paso de los años.
¿Será posible que nos vayamos quedando solos y nadie
nos extrañe?
Creo que en el camino que recorremos al estar jóvenes buscamos la compañía, ser compinches de aventuras y andar en grupos, eso es
vida para esta época, en la adultez, nos volvemos sabios pensadores y libres
actores de la vida, eso nos pone en la barrera de aceptar cada critica o cada
comentario y nos va ubicando en la libertad de escoger hablarnos a nosotros
mismos. En la vejez, creo que nos comunicamos al mínimo con nuestro entorno, y
observamos más, lo mejor viene siendo el silencio.
Confieso que, me hacen falta las carcajadas de las
amigas, las travesuras de los compinches y los retos de los viejos tiempos, el
curso de la vida nos va poniendo en un sitio en el que escuchamos y observamos,
para hablar de más preferimos callar.
A tiempo estamos de retomar, esas recargas de energía, cuando se trata de, con los amigos conversar.
Comentarios
Un abrazo Nacha
Bendiciones
La familia lo es todo, creo que los demás pasan.
Feliz Navidad!