EL PODER DE UNA MENTIRA/ NACHA NEWBALL
Decir una mentira puede no ser nocivo para la salud de quien
la dice, si lo es para quien la recibe y aun mas para quien se convierte en el
actor principal de la misma, había una vez alguien que en sus intenciones de
lograr un lugar en el espacio ideó una mentira para eliminar a un “contrincante”,
así lo veía, en su temor lo idealizó como alguien a quien debía apartar de cada
espacio posible para evitar su transitar en un camino que podría tener
pavimentado hacia el éxito. Empezó a contar cosas que tenían dentro de su
estructura situaciones ciertas pero iban cubiertas de crueles falsedades, con
esto desdibujó la imagen casi perfecta de su contendor, tanto que fue relegado
a los “sótanos de un infierno anunciado” junto con un séquito de personas a
quienes la infamia tocó.
No le bastó a quien orquestó la mentira pisotear, enlodar y
denigrar para obtener su fin. La mentira prosperó y así las cosas, todos los afectados
padecieron de una u otra forma de los sablazos clandestinos del acusador
anónimo, una simple mentira acabó con la construcción de muchas vidas, de
muchos sueños y de la secuencia lógica de un proyecto de vida que pudo ser
diferente.
Las mentiras, eso hacen, se van convirtiendo en verdades a
medias y después de un tiempo en verdades y leyendas urbanas que afectan o
marcan a personas con un estigma dificil de borrar. Quisiera decirles que nunca he estado envuelta
en una mentira, mentiría (valga la redundancia), con un puñado de motivos
escribo este texto, para reafirmar mi condición de Ave Fénix y de contarle a
quienes han tenido la experiencia de estar vinculados a un hecho que no han propiciado
y del cual han obtenido grandes perjuicios, que no es nada llegar al borde del
precipicio, de estar ante la nada sin saber que hacer y sin poder ver, porque
las lágrimas empañan los ojos, que más allá de sentirnos bloqueados, en shock o
inmóviles ante un ataque esta la fuerza interior que nos mueve hacia
rehacernos, reconstruirnos y tener la plena conciencia de lo que somos, de lo
que valemos , de lo que estamos hechos y de la dirección hacia donde vamos, es
probable que el desvío en el camino tiene un propósito que es invisible en el
primer instante cuando suponemos perdemos todo. Al dar la media vuelta y, tal
vez ofuscados, miramos otro camino y muchas piedras, lo que nos queda es
tomarlas y construir con ellas lo que mejor nos salga, al final del tiempo,
vemos un castillo que nunca imaginamos y que fue construido con nuestra garra
interior.
Nadie esta exento de un momento en el que la vida se le parte
en dos, en el que se cuenta con los dedos de las manos las personas alrededor y
en el que las lágrimas alivian y los suspiros oxigenan esa mente llena de
pensamientos que se chocan entre sí sin producir nada. Ahí, en ese sin fin de tormentas
, sin duda se encuentra la calma y el norte , aunque sea al sur se avista … y
la ecuación siempre es la suma de lo bueno, lo aprendido y lo avanzado.
A los árboles que dan buen fruto, siempre, siempre les
tirarán piedras…
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