OJALÁ QUE LLUEVA CAFÉ/ NACHA NEWBALL

 

 

Ojalá, una palabra tan sabia como contundente, una interjección que indica el vivo deseo que suceda lo que se ha dicho, como un decreto hacia un suceso que sentimos debe pasar como consecuencia de las acciones de una persona o de un hecho.

Hay canciones que hablan al respecto, la se Silvio Rodríguez dice algo como:

“Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan para que no las puedas convertir en cristal, ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo. Ojalá que la luna pueda salir sin ti”

Beret, un artista sevillano canta:

“Y ojalá nunca te abracen por última vez. Hay tantos con quien estar, pero no quien ser, Tan solo somos caminos que suelen torcer. Miles de complejos sueltos que debemos de vencer”

Maravillosos ojalá que nos traen una sensación de esperar algo hermoso o bello dentro de la armonía que acompaña el sentimiento del amor.

Ojalá, es una sentencia amarga cuando sale de un corazón constreñido y adolorido, dejando sobre el tapete la posibilidad del destino de castigar de alguna manera a quienes nos han hecho un daño o a quien pensamos que la vida debe emitir una boleta de castigo con un premio mayor. Ahí, un “Ojalá se muera”, “ojalá se caiga”, “ojalá lo golpeen duro” y “ojalá pierda” son las más comunes expresiones para canalizar todo el mal que deseamos se cumpla.

Me quedo con los “ojalá” que desean el cumplimiento de cosas bellas, de la petición a la vida de cosas que son del estilo de vida rosa en el que soñamos para disfrutar al máximo cada instante como en el ojalá que se desprende de una canción de Juanes:

"Ojalá te hubiera encontrado en otro tiempo, en otra vida / Ojalá no hubieras tardado en aparecer / Ojalá que podamos crear recuerdos de esos que no se olvidan / Ojalá que podamos romper esta pared, estar juntos una vez quizás dos o tres…"

Cada cosa que sucede en nuestro entorno ojalá se ordene en su momento con el equilibrio sabio de la vida misma y cada cual responda por sus actos, entre tanto, guardar los “ojalá” para bien y los juicios que sea Dios el que los haga. Lanzar a la loca dardos venenosos mata, se es esclavo de lo que se dice.

Me quedo con el ojalá de Juan Luis Guerra:

“Ojalá que llueva café en el campo. Que caiga un aguacero de yuca y te del cielo harina de queso blanco y al sur una montaña de berro y miel… oh oh oh oh ojalá que llueva café”






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