ME OLVIDÉ DE MORIR/ NACHA NEWBALL JIMÉNEZ

 


El panorama oscuro está a la orden del día, no encuentro un motivo para sonreír, las nubes grises chocan entre sí  e inevitablemente llueve, camino sobre piedras que hacen daño y el destino es un callejón sin salida... triste y desolada entre tantas situaciones que no tienen solución... ¿Es la vida? 

¿Te suena conocido  lo que lees? 

Escucho esto con frecuencia, incluso cuando estaba muerta }. Yo hablaba y repetía varias veces algunas de esas frases. Si, leíste  bien, cuando estaba muerta. Descubrí la vida hace pocos años, descubrí que vivir estando viva es difícil, no imposible, es un reto diario que me permite ejercitar mi ánimo día a día  para ponerme a tono con la verdad de la vida, vivir. Me olvidé de morir.

Vivir y saber vivir son dos puntos  importantes cuando estamos vivos, pareciera que es algo normal que deberíamos saber y no, nos enterramos vivos, nos metemos en el camino del sufrimiento, de la zona oscura del dolor, navegamos entre temores y miedos y lo peor nos volvemos adictos a las voces de la vida que nos ratifican que debemos estar en el féretro acompañados por la  infelicidad,  la tristeza y la frustración, a ellas le otorgamos el mejor lugar, la tierra fértil y el agua lo cedemos para que la raíz de la amargura prospere,  arrancando de tajo los retoños de esperanza como si éstos fueran maleza. Asi he sentido en un momento de la vida que he muerto y se me ha olvidado vivir. 

Al final del camino, postergando a diario mis prioridades y dejando al lado las pequeñas cosas que me hacen feliz, he decidido salir del cajón en el que me auto enterré y ver la luz en medio de la oscuridad, liberando mi alma de tanta carga que he traído  por años, liberando mi entorno de tantas voces que me han dañado, liberando mi espacio  de la acumulación de recuerdos, de paradigmas, de ruidosos prejuicios, abriendo paso entre el blanco y negro a paletas coloridas , me he regalado vida, me he dado la oportunidad de creer que respiro sin afán, que olfateo sin prisas, que toco sin cadenas , que degusto sin premura y que observo con mas detenimiento mi interior. 

Vivo. Camino feliz debajo de la lluvia, canto a todo pulmón aunque no sepa que es una clave de sol, leo a Neruda y a Kafka, me mantengo en silencio tratando de escuchar esa voz tenue y baja que sale de mis entrañas, hago lo que puedo para sonreír y cuando lloro... descanso infinitamente en el camino del perdón.   

Me regalo vida, le regalo luz a mis días, le regalo momentos a mis sueños y me rompo en mil pedazos para construirme de nuevo. No me detengo por fuertes que sean los vientos... ese féretro negro que llevaba dentro esta hoy lejos... muy lejos.

Muerta en vida, no.  La vida es para vivir y hay mil y mil razones para regalar vida a mis años, mucho por vivir , sentir y resurgir. 


Ratifico hoy: ¡Me olvidé de morir!





Comentarios

Unknown dijo…
Excelente reflexión Nacha, mis felicitaciones!!
Muy bonito Nacha. En un cementerio en Tabai, Merida Venezuela hay en la entrada un cartel que dice: no son muertos los que descansan en la tumba fría. Más muertos son los que tienen el alma muerta y viven todavia. Antonio Muñoz Feijo.
Es lo que dices en tu sabia exposición. Estás muy viva! Lo veo en tus escritos. Gracias por ellos.

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