ESFUERZO PROPIO / NACHA NEWBALL
Mirar atrás, al pasado vivido y aprendido, sabiendo que de alguna forma hemos crecido, es un valor imposible de cuantificar, sobre todo cuando nos damos cuenta de lo mucho que hemos avanzado.
Las canas no van saliendo en vano; la experiencia y la madurez son adornos de los años, pilares que sostienen nuestras decisiones y van siendo la cosecha de las siembras que, en la tierra fértil de nuestras ilusiones y anhelos, hemos construido. Ahí, a flor de piel, brota el esfuerzo propio: lágrimas y sonrisas, días de trasnochos y sacrificios, de disciplina inagotable y luchas contra el inevitable miedo.
Cada cual sabe de qué está hecho, de cuál ha sido el esfuerzo que le ha metido a sus fichas —bien o mal jugadas—. Esto lo decide el eco de la vida. Es el activo vivo que llevamos dentro, ese que nos hace sacar pecho al nadar contra corriente.
No todos nacen en cuna de oro. Pero la cuna de oro no es condición para no usar el esfuerzo propio, y el esfuerzo propio no proviene del oro de una cuna... Viene empacado en la cuenta y riesgo de cada uno de nosotros.
Comentarios
La experiencia nos va mostrando el camino correcto.
Aveces la experiencia de otros nos puede dar luces.