NOCHES SIN LUCEROS / NACHA NEWBALL
Las noches sin lucero son
lúgubres, tristes y vacías, en la inmensidad del cielo que, de un azul tan
intensamente oscuro, se notan las ausencias, silencios y distancias. Esas
noches son bulliciosas en el mutismo en el que nos sumimos, se escuchan las bocinas
de los carros, la algarabía de los vecinos que, sin pensar que los observas,
tejen sus historias, mientras, cambiar la mirada a un punto se convierte en una
especie de cambio con el control remoto del televisor, entre novela y
entretenimiento.
Algunas de nuestras noches son
así, intensas internamente, en el espacio de debate entre la nostalgia y el
recuerdo de aquellos buenos tiempos y la inmensa compañía de los tantos y
cuantos que eran parte de la rutina. Ahí es cuando solo la luna en su esplendor
se luce, ahí está ella, ojalá en luna llena, rozagante se muestra, camina con
su mejor cara, hermoso perfil, pedazo de queso va flagrante, sin orgullos ni
egos, con valentía y sin luceros.
La luna, con el ímpetu que da
saber que recorre el camino a un destino, busca con paso firme salir victoriosa
en una noche cualquiera, y, todos los que alguna vez se atreven a mirar al
cielo le cantan y escriben adulando su hermosura.
Aprendamos que, en la nostalgia más profunda,
la oscuridad no es obstáculo para que la luz del sol sea fecunda y, su brillo
nos invita a disfrutar de la vida y sus placeres, aun en noches de largo duelo.
¡Vive y se feliz!
¡Vive!
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