¡SEGUIR REMANDO!
¿Dónde orientas la barca?, si
la vida se complace en poner puntos en los que se debe decidir sí o sí el rumbo
de la vida, intersecciones en donde si se descuida, cuesta un nuevo destino o
camino, la idea es no dejar hundir la barca.
¡Hay que seguir remando!
O básicamente, hay que seguir
contando con la gasolina con que se dinamiza el motor, no hay motor sin
combustible, sí combustible sin motor, es decir, los motivos, mueven la barca y
orientan la decisión.
Entre tanto se debate el
interior de cada persona y, la lucha es a sangre y fuego por cada paso a dar,
por cada momento a vivir, por cada disyuntiva a superar, el entorno, lleno de
gente que suma o resta, apuesta sobre la decisión, unos sonríen mientras ven el
miedo que ronda y que transpiras, otros se gozan por interpretar tu pensamiento
como debilidad y algunos, pocos, te alientan.
En ese punto, crucial, en que
la vida pone a prueba la decisión y todo alrededor gira en espiral, la
debilidad habita y la fuerza lucha valiente por sobre ponerse. Ahí y en otra dimensión,
se pueden sentir las carcajadas de maleantes disfrazados de cobardes, que
sienten que la destrucción de los sueños es evidente, siendo que, entre más débil,
la vida va poniendo más fuerza en el interior y esta, construida con la
experiencia bien administrada, va acumulando la historia para salir desde la debilidad
a la templanza.
¡Hay que seguir remando!
Pues, no hace ni daño, pero
tampoco es indiferente, el mero hecho de tener alrededor la ponzoña de la
envidia y el veneno de la hipocresía… es simplemente saber que hay un rumbo, no
destino, para el que se debe trabajar, acompañado con disciplina, persistencia,
insistencia y tenacidad.
Sin la lástima o la
frustración por la obesidad que habita en la maldad de tantos, se sigue
remando, ni el aplauso ni el codazo vencen el ímpetu de un sueño por cumplir.
¡Hay que seguir remando!
¡Hay sueños por cumplir!
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