SU MAJESTAD EL MIEDO / NACHA NEWBALL JIMENEZ
“Aprendí que el coraje no era la ausencia de
miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino
aquel que conquista ese miedo.” Nelson Mandela
El
miedo es el límite de muchas acciones del ser humano, es el nudo que ata a cada
paso que se retrae cuando, a portas de una decisión, se activa el freno. Es el fantasma
que grita en silencio en el pensamiento “no puedes” o “no eres capaz”, es esa
sensación que alienta a no intentar o a no avanzar. Se alberga en el interior
del ser y ahí tan cómodo como plácido, lo dejamos crecer y desarrollarse, sin
que se mueva una paja para quitarlo de su zona de confort.
¿Cuánto
se deja de hacer por miedo?
Es un
interrogante que puede llegar en un momento y la respuesta es posible sea “ni
idea”, cada uno en su interior sabe a qué obstáculo se ha enfrentado y el
enorme tamaño que tiene dentro de sí; el miedo destruye el arrojo, el querer y
el poder, lo reduce a su más mínima expresión, logrando que, de cierta forma, el
ser quede inmóvil frente a cosas que quizá son significativas, son deseos por
cumplir que no se cristalizan por una simple indecisión.
Su
majestad el miedo, ha sido sagrado en el cuerpo y la mente de quien le da la
bienvenida y le pone almohadas a la cama donde se va a descansar, el, feliz de
hacer su efecto, de lograr su cometido se ensancha tanto que, predice el
fracaso.
El coraje
es por tanto el triunfo sobre ese pensamiento constante que castiga las
ilusiones mas hermosas, es vencer la negación de poder hacer, es tomar una
decisión y actuar en consecuencia. Valiente es quien tiene la posibilidad de
sacar la espada del coraje y conquistar sin mas a su majestad y decirle en su
cara: “eres un simple plebeyo.” Michel de Montaigne nos lo dice con mayor
contundencia: “El que teme que sufrirá, ya sufre lo que teme.”
El coraje
vive al lado del miedo, solo debe rodearse de valentía para conquistar a quien
parece inconquistable, el miedo. ¿Cuántos miedos tenemos? En los tiempos actuales, el miedo parece
tener la victoria, hay esclavos de él y seguidores de su culto tácito. Hoy, hay
que trabajar en sembrar semillas que den verdaderos frutos y que hagan renacer y
trascender a nuestro ser hacia la construcción de la fuerza, la templanza y
sobre todo la valentía de caerse y levantarse. Humanos imperfectos que libran
la batalla diaria de ser super humanos desde la perspectiva de ser cada día
mejores. Más acción, menos miedo.
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