¿FRÁGILES COMO EL CRISTAL?/ NACHA NEWBALL JIMENEZ
En un
momento de vulnerabilidad, en que las lágrimas están a flor de piel, los
humanos por fuertes que sean se vuelven frágiles como el cristal. Los pedazos
del alma se riegan en el piso de las emociones, no son las lágrimas, al final
son los sentimientos, emociones que gritan lo que llevan y cargan ese lugar que
no se encuentra en una ubicación precisa pero que, es capaz de producir la
mayor demostración de dolor que una persona puede marcar o mostrar.
Por
fuertes que parezcan, los humanos son frágiles, débiles, endebles, capaces de
llorar a mares, en la soledad de la intimidad o en la intimidad de la multitud.
Las razones de dicha fragilidad, son variadas y tal vez están ligadas al diario
vivir, a esa condición humana de sentir y demostrar los sentimientos, la
capacidad de amar y deleitarse con el paso de las olas rutinarias que acompañan
el día a día.
¿Quién
no ha llorado por amor o por desamor?
¿Quién
no ha padecido un dolor o una perdida?
Hasta
los que se ufanan de tener la sangre fría, lloran, así sea a escondidas.
Sobran
razones para reír o llorar.
Sobran
dedos de una mano para escoger motivos porqué llorar o mostrar que al ser
humanos nunca perdemos la esencia de sentir con la racionalidad consciente de
la razón y la inteligencia.
Entonces,
la fragilidad, depende de la humanidad, del ser y su capacidad, pero también
depende de la pureza con que se asume el diario vivir, entre pérdidas y
ganancias.
Aceptar
la fragilidad es saber que somos humanos en busca de la verdadera armonía.
Para reflexionar:
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