ENTRE LA PASIÓN Y LA VERGÜENZA
Ser fanático de deportes como
el futbol, es gozar del privilegio de la pasión
desbordada por el equipo, la camiseta, los partidos y por todo lo que genera el
mar de emociones que trae consigo per se, el hecho de hacer parte del equipo,
saber que con esto se puede gozar el espectáculo, regañar a los jugadores,
gritar a quien al parecer no esté en la sintonía del juego y con la opinión
quitar y poner técnicos, es vivir para contar.
Las emociones, van de un lado
a otro, desde la antesala a una final que se debe jugar en la cancha de futbol,
con la gallardía de once jugadores que van tras el galardón más preciado, el
gol. Comerse las uñas, gritar desaforadamente, entrar en una especie de trance
nervioso con las jugadas de riesgo y recordar la madre del árbitro, son las
cosas más comunes que se pueden hacer mientras se observa como espectador un
juego que, a duras penas va a cambiar la vida de quienes como observadores
participan. El aporte a la hinchada, es la alegría, el jolgorio que se genera alrededor
de un torneo o una copa, en general a una posible ganancia.
El panorama que ha traído los últimos días, en los previos de la Copa América de futbol, es de emociones encontradas por el sueño de cada seguidor de las selecciones del éxito de sus equipos. Quienes pudieron viajar a acompañar a los valientes jugadores, dan fe de lo que se siente escuchar el himno, de cantar un gol o de hacer una “ola” en el estadio.
¡Maravillosa la experiencia!
La realidad de a puño que acompaña
dicho encuentro se ha ido al extremo de la vergüenza, desafortunadamente, hemos
sido testigos de una pasión al punto del desmán, de la violencia propia de
quienes han entrado por la fuerza a un estadio, violando las entradas y
saltando barreras para buscar el mejor sitio, tanto que se han usado los ductos
del aire acondicionado, sin pensar en el riesgo humano, para entrar a ver de
primera mano un partido de futbol.
Esta es la pasión que mueve y que permite este tipo de acciones, entre peleas, discusiones y agresiones, en un espectáculo en el que en días pasados han brillado opacamente dos cantantes reconocidas en honor a la patria, mientras memes, videos y comentarios no dejaron de circular en las redes, las han estallado, no por el encuentro de dos ilusiones de ganar, sino por la desfachatez y la indolencia de quienes de una u otra forma quisieron ser testigos de un evento sin par. El oportunismo, vandalismo y falta de coherencia ha puesto a los hinchas una vez más en el ojo del huracán y ha mostrado una realidad que, no se puede tapar con el buen juego de aquellos que brindan su sacrificio en el campo.
Merecemos construir un mejor país, lleno de esperanza para ganar y de gallardía para saber perder, abundante en mesura y en buena educación, sin primeras ni segundas líneas, en donde la grandeza se mida en valores no en golpes ni atropellos. Normalizar el ¿Tu no sabes quien soy yo? ha sido nefasto, como también la difícil postura de querer entrar a como de lugar en escenarios para no perder de vista un juego que, si bien es de importancia, no vale lo que se vio, no de los jugadores quienes hicieron lo suyo, jugaron a darla toda, esto es para los crueles espectadores, que se ensañaron en hacer de todo esto un circo siniestro.
¿Vale la pena la pasión o la vergüenza?
Las más bajas y altas pasiones, las hemos visto en las imágenes y hechos que con contundencia, quedan en cada retina. Cada cual ve desde su arista el hecho.
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