PEDIR UN DESEO/ NACHA NEWBALL
Pedir un deseo, es querer
arrancar al destino algo que se quiere que suceda, es anhelar y hacer posible
un imposible, es querer tener algo por capricho, por pretensión o antojo. En algunos lugares existen pozos, en ellos, se
tira una moneda y con la sensación más emocionante en el corazón, se pide lo
que se quiere en el momento o para el momento. En otros lugares, se estila que
al apagar las velas de una torta de cumpleaños, se pida algo deseado, se
pretende que el solo querer traiga consigo lo que se solicita para ser feliz.
Un deseo es algo esquivo, algo
que es extraordinario y se quiere tener a mano.
¿Cuántos deseos se poseen en
el corazón?
Los humanos, se comportan como
niños ante un anhelo, si de verdad existieran las hadas madrinas, tuvieran un
buen oficio de mover la vara mágica y conceder cumplir con la ilusión de quienes
las contrataran, al igual que si se pudiera contar con una lámpara maravillosa,
que se frote sin tapujos para lograr muchos lujos, tangibles o intangibles.
Los deseos, son fáciles de
pedir, lo difícil es despegar de un punto de partida para construir lo que se anhela,
esto lleva a sacrificar, trabajar y edificar lo que se quiere.
¿Has pensado en tus deseos?
Y, ¿Has trabajado en ellos?
Se suele pedir a la vida, al
destino, al universo, a Dios, para tener a quien echarle la culpa del no
cumplimiento de lo que tanto se anhela. La verdad, desear, va de la mano de trabajar
con disciplina lo que se quiere lograr, cuesta, esto es valioso y sufrido, al
final vale la pena cuando se pasa la línea de meta, ahí, queda el sabor de dar
el paso al cumplimiento.
La disciplina, el sacrificio y
la voluntad son aliados perfectos para trascender de lo que es pedir un deseo a
cumplirlo.
Hoy, la validez de pedir un
deseo, es construir ese deseo y hacerlo realidad sabiendo que cada deseo si no
es proyecto, siempre va a quedar siendo un deseo eterno.
Comentarios
Tenemos fecha de caducidad,algo que nunca tenemos presente.