AÑORO A MIS VIEJOS/ NACHA NEWBALL
¿Quién de los lectores fue criado por abuelos?
Tuve la dicha de vivir por temporadas en la casa de los
abuelos, ahí había una habitación dispuesta para varios de mis primos, en la
cual jugábamos, a mi me llamaban “Juana la loca”, como era tan pequeña, pensaba
que Juana era una loca callejera y me comportaba como tal, corría, saltaba y
hablaba incoherencias, de las que mis compañeros de juegos se reían a
carcajadas. Del escaparate viejo de mi abuela sacaba sus zapatos y algunos
collares, los usaba a escondidas para simular mi edad.
A la hora del desayuno, mi abuela con mucho amor hacia
una porción grande de avena Quaker, nos daba un pocillo de peltre de color
verde a cada uno, no sé como hacía para hacer rendir aquel manjar, cada uno
salía saltando hacia el taller de máquinas de mi abuelo. Ahí todos en fila, esperábamos que él se desocupara, armaba y desarmaba las máquinas de coser
Singer que le hacían llegar hasta de pueblos vecinos, con sus manos llenas de
aceite y su mayor paciencia, se levantaba, dejando a un lado su labor nos
atendía sacando de una bolsa de tela de color gris, hecha por mi abuela, panes
de sal que atesoraba para que cada uno los disfrutaba.
Mi abuelo sonreía tan hermosamente cuando nos acercaba
el pan, que sin temor a equivocarme, en él nos daba su amor incomparable, sus
cabellos blancos ensortijados se topaban con las gotas de sudor y su cara se
encendía en rubor por la humedad de la atmosfera, aun así, el trabajaba y
trabajaba, alentando su ser con el cariño a sus nietos y su botellita de ron,
que tomaba para mitigar el calor.
Mis viejos, mis abuelos queridos, nos dieron lo que mas
anhelo, mi abuelo su cariño y su sonrisa, mi abuela su cariño y su rectitud,
ella tenía ocho hijos a cuestas bien criados y nietos no contados, a quienes
alineaba con el cuero despiadado luego del desorden encontrado. Así incluso,
nos peleábamos para ir a su casa y encontrar tesoros escondidos y el amor bien
vivido.
Su marcha lenta, su hablar despacio y sus consejos
perduran en el tiempo, ellos tenían un ritual que nunca olvido, se sentaban en
las tardes en la terraza de la casa y conversaban de todos sus hijos, los
nietos corrían a su alrededor, mientras el abuelo sonreía como loco al ver las
travesuras, la abuela regañaba, se oía decir:
- - ¡Mira bájate de ahí! Estos muchachos no hacen caso.
La sonrisa de mi abuelo resonaba, mientras ella lo
regañaba:
- - ¡Tu eres otro!
Nuestras alas se expandieron y ellos vieron en vida muchas cosas bonitas como ver la adultez de algunos nietos y crecer a algunos de sus bisnietos.
Un 28 de enero hace cuarenta años vi partir a mi abuelo, salió de casa caminando, sonriendo y saludando.
Queda en mi interior su vivo
recuerdo, de un santandereano que vino a Cartagena andando quien al vernos nos gritaba:
- ¿Qué hubo cabo?
Comentarios
Buenas noches.
Gracias Nacha, a través de tus escritos, rescatamos momentos inolvidables.
Cuando me vine para Italia mi abuelita me dijo: " te saludo y se q no te voy a ver más. ."así fue,yo me fui para ella de primero....
Homenaje a los abuelos!!!!!
Aura