EL IMPOSTOR/ NACHA NEWBALL
El heredero de las riquezas mal logradas
va camino a la invitación del destino, sus dientes resaltan como mazorcas que
se hidratan, su pecho engrandecido resalta como palomo en celo y su arrogancia
de la mano de su ego luce su mejor vestuario, fue en sus estudios el mas
empujado por aquellos que buscando algo le dieron la mano, quizás él ahora que
ya ha logrado estar en la cima se acuerde de quienes lo ayudaron. Aquella tarde
estaba nublado el cielo, parecía que una lluvia haría aplazar el evento, las
sillas eran peleadas por quienes no podían perderse de la gran presentación de
aquel hombre que iba a ser el patrón.
Ciertamente el patrón logró entre
aplausos y vitoreo a tomar el lugar por el que muchos lucharon, se robó una
casa de una amante clandestina, se tomó para si un pedazo del trabajo de cada presente
y con un discurso ridículo puso fin a las ilusiones que todos tenían, no habría
fiestas, ni cabalgatas, ni si quiera había plata para la carretera solo estaba él
anunciándole al pueblo que era el patrón y eso era lo que contaba. Con viva voz
animaba a la banda a que con cada frase resaltara el redoblante, un rey con
tesoros y tierras, egoísta y patán, buen ejemplo del gamonal del pueblo.
Muy pronto, la necesidad y las
desdichas habitando debajo de los techos de viviendas que se caen a pedazos,
han hecho que los aplausos se conviertan en gestos, desprecios más bien, que
todos sienten ante aquel engaño, han sido gobernados por quien usurpa un lugar
que no le pertenece, no era ni este hombre ni el más apto ni el más aceptado, era
un supuesto impuesto, hijo de no sé quién que tuvo para comprar un lugar en un
espacio y hacer al pueblo perder su tiempo.
Luces, cámara y acción, es el rodaje de la vida en
la que las apariencias parecen engañar a los más incautos, muchos quieren destacarse
de hecho luchan por tener cierto lugar en cada espacio, aunque este sea mínimo,
el esfuerzo diario para cumplir cabalmente su labor es evidente, la dedicación
y el pundonor les brota, les habita, pero la vida es de impostores, quienes
llegan a veces de paracaídas y se abrogan cada escenario sin tener en cuenta
cuanto han pasado tantos que si tienen tanto.
Llegan a posar, a organizar como les
place quitando y poniendo a antojos pasionales y con odios viscerales, posan
sonriendo mientras en las tumbas de sus almas el rencor les carcome, a la vista
son ovejas y al final son lobos que ni engañan, no es el pelaje que ostentan son
las acciones que los delatan.
Cada impostor cae en la debacle del colapso rudo de
una vida que no perdona y aquel caminante que va sin egos, sin mirar altivo,
ese va cosechando en silencio lo que la siembra le ha traído.
¿Eres el impostor o el sembrador de motivos?
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