LOS AÑOS DORADOS / NACHA NEWBALL

Hola a todos, en este blog suelo escribir de situaciones y ante la petición de algunos amigos les dejo un relato de la vida real que ocurrió muy reciente en mi vida. 

LOS AÑOS DORADOS 


Hoy, en un día de visita al médico de mi papá, me topé  con la vida misma en el establecimiento de Sanidad Milittar  (así se llama el lugar donde lo llevo a citas) en el  los veteranos de la Armada  se encuentran en la sala de espera para entrar a sus consultas médicas. En este lugar se dejan las historias más bonitas que me ha tocado vivir, los pacientes, casi todos adultos mayores, asisten con sus mejores pintas, unos van caminando lento, ayudados con bastón, otros en silla de ruedas y otros, los mas firmes van caminando sin ayuda. Muy pocos van acompañados por sus familiares, algunos presos del abandono y otros simplemente porque deciden ir en solitario para mostrarse como que todavía están en forma para vivir la libertad de asistir a control médico solos. 

La sala de espera es un pasillo en el cual hay sillas de lado y lado, la espera se hace larga porque ellos deciden asistir antes de la hora que toca la cita, por lo que al encontrarse en el mismo lugar se forma un bullicio, como si fueran niños. La parranda aquí es de cuentos y cuentos que nos enseñan que la vida se va en un minuto. 

Uno de los más jóvenes me ve llegar con mis papas, mi madre va en su silla de ruedas y mi papá con el bastón. Al verme dice:

- Mira allá viene ella con sus dos "pelaos" y me pregunta con mucha discreción ¿viene al Pediatra? yo me sonrío y le hago un gesto con la cabeza que no.

El se ríe y me dice:

- Si viene para el Internista, la respuesta es que sí. Usted viene al Pediatra de sus papás.

Este  personaje logra que todos en la sala suelten una carcajada, incluyéndome, no puedo evitar decirle al Internista al entrar que los pacientes le han dicho que ellos han vuelto a su infancia porque casi todos necesitan un poco de atención, medicinas y asistencia a la comida y necesidades fisiológicas.

- Mi nombre es Pedro, Pedrito, pero por mi casa me llaman Popeye, con este cuerpo y esta estampa yo me siento de 18 pero tengo 75 ruedas.  Estuve con su papá en varios viajes.

Yo me senté a su lado a escuchar el alboroto que tenía Pedro en esa sala de espera.

- ¡Yo no me preocupo! ¿Para qué? Solo vivo para comer  y tomar medicinas. Tomo 11 pastillas y trato de comer porque adivinen qué... tengo prohibido todo lo que quiero comer y me pregunto a diario entonces ¿Qué como? es que la cosa se pone jodida cuando uno no puede comer nada y quiere comer todo. Entonces el médico que si las verduras, que si la fruta y uno a querer hacer a diario una chicharronada. 
 
En la sala de espera todos se ríen, es la cruda realidad de todos los que están ahí, son contingentes y la edad oscila entre 75 y 85. 

La conversación se interrumpe, cuando uno de ellos manda un mensaje al celular para el grupo de WhatsApp, son internautas aunque ustedes no lo crean.  

empiezan a sonar los celulares y en medio de la lentitud que manejan se empieza a escuchar una  carcajada colectiva. 

Pedro pregunta:

-¿Ya vieron la foto en el grupo? Se las mando para que no olviden que hace 40 años estuvimos en España y que por estos días nos paseábamos por esas bellas calles, orgullosos y buenos mozos. Tuvimos nuestra bella época.  

Como unos pelaos, todos empezaron a identificarse diciendo expresiones así: 

- "Mira como estabas de delgado" 
- "Eras soltero aun" 
- "Lo que nos divertíamos en esas misiones" 

Así pasó la dura espera en esa sala desde las 9 am hasta las casi 2 de la tarde,  entre dimes y diretes. 

Pedro, el centro de atención de toda la sala, incansable caminaba de un extremo a otro para tener contacto con los asistentes a la cita, al ver que yo solo escribía  me preguntó:

-¿Qué  tanto escribes? 

Yo lo miré... y con una sonrisa le dije  :

- Una pequeña historia. 

El se sonrío.  Me dijo:

-¡Ah interesante! Y ¿es suya? 

Respondí curiosa:

-Si. Le he llamado "hablando conmigo"

El se sonrío y me dijo

- Bueno. Ya yo tengo en varios tomos mi historia. 

Inquieta le dije:

-¿Es escritor?

Pedro, "Popeye" el veterano se dirige al grupo de amigos con el que está  y les dice: 

- Dejo mi historia. Ni la escribí yo, la han escrito otros pero es  ¡Mi historia. Mi historia Clínica!

Esa carcajada de todos fue tan intensa y uno llegó a decir: 

-Señorita, entre todos tenemos una enciclopedia.  

Todos sonrieron y el afán de la vida por un momento quedo en silencio. 


Pedro, ya viendo que se pasó la hora del almuerzo que en algunas casas, como en la de mi padre lo reciben a las 12 en punto del medio día se acerco diciendo :

-Nunca pensé que llegar a viejo sería  tan duro! 

Siguió  su camino con su lento paso y al regresar se sentó a mi lado. 

Me dijo escriba ahí: 


"Que alguien escuche nuestra voz...

Nunca pensé que ser viejo era tan pesado.  
Con el tiempo empecé a caminar lento, en mi cabeza aparecieron luciérnagas que titilaban en las noches y en los días. 
Mis piernas pesaban como si cargaran bultos de café  entero,  arrastraba los pies y al levantarme me tenía que sentar porque sentía que todo daba volatines frente a mi.
Mi cuerpo parecía estar lleno de hormigas en una montaña de azúcar,  en esa cuerda floja no podía estar de pie. 
Mis ojos veían arañas que tejían cómodamente en la cara sus telarañas y mis manos no podían detenerse, eran unas maracas en tiempo de "merecumbe".
Empecé con la presión y el azúcar. 
Hoy tengo gota y todo el cuerpo en disputa.

Unos días  son mejores que otros. 
La memoria va y viene, recuerdo mis días alegres y los tristes los meto en un baúl que trato de no abrir para no aterrarme que entre mas pase el tiempo mas padecimientos. 

Aquí voy, camino lento. 
Vivo cada momento. 

Yo obviamente escuchaba, reía  y  lloraba. 
Los años dorados para todos deben ser llenos de amor para superar tantos obstáculos que nacen de los hábitos de vida tempranos para evitar y prevenir enfermedades y los estilos saludables que nos dan un soporte para asumir la venida de los años, Años dorados son los que desperdiciamos en el caminar rápido y en el que inicia la vejez añoramos. 

Hoy hago un homenaje a los guerreros de la sanidad naval que en medio de su diario vivir se alivian en las salas de espera contando sus gratas historias de vida de las que siempre saco una enseñanza. 

Ser adultos mayores es un reto de aceptación, de aprendizaje y de concertación. Creo que mentalmente debemos estar preparados para la dependencia, para ceder las decisiones y para andar lento... no es fácil ni para ellos ni para quienes tienen su cuidado. El amor, es el remedio mas poderoso para caminar y ayudar, para suplir y acomodar, para adaptarnos y seguir adelante. La empatía sobre su situación da luces para analizar y decidir el qué hacer en cada caso. 

El camino de la vida, es más llevadero con amor en el corazón para dar y recibir. Gracias a "Popeye" por inspirarme.

Nacha Newball Jiménez




Comentarios

Unknown dijo…
Interesante relato en medio de tanta sabiduría.
Ana E dijo…
Muy bueno y muy real el tiempo se va en un soplo y los años vividos nos llenan de sabiduría
Anónimo dijo…
Hermoso relato Nacha y muy cierto; essolo nos resta llegar a esa etapa con la esperanza de vivirla lo mejor posible contando con la misericordia de Dios para ello, y que así mismo nos de la mejor actitud para asumirla, ceder cuando sea necesario y esperar poder recibir el amor de quienes esperamos estén a nuestro lado.♥️
Aura dijo…
Me hizo llorar esta historia...una vez leí un libro donde se habla del morir,y desde allí "abrace" ese " final" que un día llegará y pido a Dios no me coja imprepatada....gracias por tu historia.
Aura

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